En pleno revelado: la historia de The Innovators Den
Cómo una bolsa de cámara, una pregunta y la firma de un padre se convirtieron en un hogar para innovadores.

Cómo una bolsa de cámara, una pregunta y la firma de un padre se convirtieron en un hogar para innovadores.
Toda fotografía empieza en la oscuridad. Nosotros también.
Exposición
Allá por 2022, Osvaldo Rodriguez empezó a aparecer con bolsas de cámara. Todo el mundo le dice Wally. Es el padrino de uno de mis hijos, lo que lo hace familia por partida doble, y siempre ha tenido ojo: lentes, luces y esa paciencia que espera el segundo exacto en que un momento dice la verdad.
Wally tenía un plan. Fotografiar las fiestas y los conciertos donde se presentaban artistas dominicanos en Nueva York, transmitirlos en vivo para allá, para la República Dominicana, y construir una página alrededor de eso.
Me encantó la pasión. No vi la ganancia. Trece años en publicidad le enseñan a uno a leer un modelo de negocio como un fotógrafo lee la luz, y ese modelo estaba subexpuesto. Pero vi algo mejor que el plan. Vi al socio.
Así que le hice la pregunta que nos cambió la vida a los dos: "¿Y si hacemos un podcast?".
Tinta en la sangre
Lo que no dije en voz alta ese día fue la verdadera razón detrás de la pregunta.
Mi padre, Anselmo Silverio, fue periodista en la República Dominicana, y su firma era conocida en toda la isla. Vivía al ritmo de las fechas de cierre. Perseguía la noticia, verificaba los datos y entregaba antes de que arrancaran las rotativas. Hasta que la vida le puso la única fecha de cierre que nadie puede aplazar, y perderlo me dejó sin aire.
No lo sabía entonces, pero cuando dije "podcast", una parte de mí estaba diciendo "papá". Intentaba recoger la pluma que él había soltado. Intentaba alcanzarlo en el único idioma que los dos hablábamos con fluidez: la historia.
Algunos hijos heredan un reloj. Yo heredé la prensa. La presión de estar a la altura de su nombre. La necesidad de seguir empujando hacia adelante cuando el duelo quería que me quedara quieto. Y un llamado a la prensa misma, al oficio de contar las historias de otros con cuidado.
Para entonces ya había construido Amics, mi agencia de mercadeo, y llevaba años poniendo marcas frente a los ojos indicados. El Den era mi oportunidad de voltear ese lente y poner a nuestra gente dentro del encuadre.
Dejando nuestra marca
A Wally le gustó la idea, y lo primero que llegó fue el nombre. Yo quería un lugar, no un programa. Una guarida, un den, es donde se reúne la manada. Es el cuarto donde una familia se sienta al final de la noche, apaga el televisor y por fin dice lo que es real. E innovadores era lo que me encontraba en cada cuadra de esta ciudad: gente construyendo algo casi de la nada.
The Innovators Den.
En esos primeros días éramos tres: Wally, yo y Steve, un socio que dibujó la primera idea de nuestro logo. Más adelante tomamos caminos distintos por diferencias de negocio, y todavía respeto lo que ayudó a empezar. Le enviamos el concepto a un diseñador, y Orlando Colón ayudó a pulir la marca que ves hoy. Por algo a un logo se le llama marca. Eso era lo que queríamos dejar.

Nuestra primera sesión fue en casa de la mamá de Wally. Sin estudio, sin patrocinadores, sin equipo. Solo una cámara, un poco de luz y una madre que nos dejó convertir su hogar en nuestro primer set. Antes de que el Den tuviera un estilo de la casa, tuvo una casa, y esa casa era la de ella. Toda gran guarida empieza siendo el hogar de alguien.
Luego nos sentamos frente a la ciudad. El artista pop Tony Peralta. La restaurantera Arelia Taveras. Danny Reyes, que le está dando forma a la industria del tequila. Marco Matute, que lleva la ópera a la comunidad. Fausto Montano, que convirtió Vie Riche en un nombre del streetwear. Más tarde, Parish Smith de EPMD, hablando del pasado, el presente y el futuro del hip hop. Emprendedores, artistas y vecinos, todos con algo en común: nadie les había pasado el micrófono todavía.
La manada
Toda guarida tiene su manada. La mía tiene tres nombres.
Fui padre soltero de Naliyah antes de saber ser casi cualquier otra cosa. Crecimos juntos: loncheras y facturas, tareas y lucha diaria, yo aprendiendo a trenzarle confianza a una niña mientras todavía descubría la mía. Hoy está en la universidad, persiguiendo una carrera en medicina, y es la mente más centrada que conozco.
Después llegaron Jade y Daniel, y a mi corazón le salieron dos cuartos más. Jade ve el mundo con sus propios colores brillantes. Daniel ama los animales y la ciencia, y cada semana atrapa mejor la bola. Hay días en que pienso que está practicando para la vida.
Alrededor de 2022, Jade tenía unos cuatro años y Daniel apenas uno. Mis días giraban alrededor de llevarlos a la escuela y sacar al perro. Y en algún punto entre la silla del carro y la acera, empecé a contar historias. No en papel. En voz alta.
Abrochaba a los niños, los dejaba y me iba hablando todo el camino de vuelta: sobre la gente que había conocido, los lugares que nadie estaba cubriendo, las ideas que no me dejaban en paz. En la acera, con la correa del perro en una mano y el día en la otra, iba redactando artículos en mi cabeza y leyéndoselos al aire de la mañana. Mis primeras historias no dejaron rastro en papel. Eran habladas, como la generación de mi padre pasaba las noticias de galería en galería.
Los periodistas le dicen beat a la zona que cubren. La mía era una vuelta a la cuadra con el perro y un viaje hasta la escuela. Esa fue mi primera sala de redacción. Cada paso era una oración, cada luz roja un párrafo nuevo, y cada uno de esos borradores hablados está en los cimientos de lo que estás leyendo ahora mismo.
Los años en que nació el Den fueron de los más duros de mi vida. Mi relación de pareja se estaba deshaciendo. Era un padre tratando de mantenerse firme por tres hijos, un fundador tratando de mantenerse firme por un negocio y un hijo que todavía aprendía a vivir su duelo. Algunas noches el único silencio que encontraba era en el estudio, con el micrófono encendido, escuchando la historia de cómo otro se levantó hasta que yo pudiera creer en la mía.
Sin Naliyah, Jade y Daniel, no existo yo. Sin mi padre, no existe la historia. Y sin esa temporada, no existe el Den. Ellos son la razón por la que la luz sigue encendida.
Perdido sin un beat
Entonces la vida cambió el foco. Los micrófonos se callaron. Las bolsas de cámara acumularon polvo. Y aprendí algo de mí que no quería saber.
Sin el Den, yo estaba perdido.
No desocupado. No pelado. Perdido. Tenía trabajo, tenía a mis hijos, tenía planes. Lo que no tenía era un beat, y lo digo en todos los sentidos posibles. Ninguna historia que perseguir, como el periodista necesita su zona. Ningún ritmo al cual moverme, como una canción necesita el suyo. Y algunos días, ni un latido en nada de lo que hacía.
Así que volvimos.
La luz está encendida otra vez: Wally detrás del lente, yo detrás del micrófono.
De vuelta en foco
El Den que ves hoy es más grande que el podcast que lo empezó. Es una sala de redacción en theinnovatorsden.net con trece secciones, cada una con nombre propio: Brindis para comida y vino, Tarima para música, The Stoop para cultura, Walk-Off para deportes, The Margin para negocios, y más. Nuestras cámaras han estado presentes en La Fête du Champagne, el New York City Wine & Food Festival y La Tablée. Viene una app en camino.
La misión no ha cambiado desde el primer episodio. Contamos las historias de los innovadores, emprendedores, artistas y constructores de cultura por los que esta ciudad pasa por el lado todos los días, y las contamos como si importaran, porque importan.
El Den hoy
Hoy el Den funciona con tres personas.
Wally, nuestro cofundador y productor, sigue detrás de la cámara, justo donde empezó esta historia. Orlando Colón, nuestro director creativo y editor, define cómo todo se ve, se edita y vive, desde el sitio web hasta la app. Y yo selecciono y escribo las historias, como me enseñó mi padre sin sentarme nunca a enseñármelo.
Mi padre escribió el primer borrador de nuestra familia en tinta. Yo estoy escribiendo el siguiente con luz. La película sigue en la bandeja, y esta historia todavía se está revelando.
Si estás construyendo algo, si tienes una historia que esta ciudad todavía no ha escuchado, acércate una silla. La luz está encendida. Somos The Innovators Den. Bienvenido a casa.
Danny Silverio
Fundador y Editor en Jefe, The Innovators Den
Para nosotros. Por nosotros. Síguenos en @theinnovatorsden.